Llegó a decirse de él que jamás un judío de
Brooklyn había resultado tan creíble haciendo de bandido mexicano. Pero lo
cierto es que Eli Wallach, quien falleció el martes en Nueva York a los 98
años, hizo también muchas otras cosas.
Eli Herschel Wallach nació efectivamente en Brooklyn el
7 de diciembre de 1915, en el seno de una familia de inmigrantes judíos
polacos. Alguna vez bromeó que vivió su infancia siendo uno de los pocos judíos
que habitaban un barrio lleno de italianos. Antes de llegar al cine tuvo un
intenso entrenamiento como actor teatral. Se graduó en la Universidad de
Austin, Texas (donde no había escuela de teatro, pero pudo participar en un
grupo actoral llamado The Curtain Club), y continuó su formación en el Actor’s
Studio y el NeighborhoodPlayhouse
Debutó en los escenarios de Broadway en 1945, y en 1951
ganó un Tony por su encarnación de Alvaro Mangiacavallo en La rosa tatuada de
Tennessee Williams. Un poco después comenzó una carrera bastante nutrida en la
televisión.
Tennesee Williams fue también su pasaporte al cine. En
1956, Elia Kazan lo convocó para encarnar uno de los papeles centrales de la
algo histérica Baby Doll, que adaptaba otra obra del dramaturgo sureño y que
constituyó el debut de Wallach en la gran pantalla. Fue una labor intensa y lo
estableció como una interesante presencia ante el lente, pero también mostró el
marco en el que podía moverse. Cuando comenzó el rodaje frisaba ya los cuarenta
años.
Naturalmente, no tenía un físico de galán, y ello lo
condenó a personajes de villanos y/o secundarios. Pudo ser, brillantemente, el
gánster psicópata del `film noir` Contrabando (1958) del maestro Donald Siegel,
y participó en el elaborado asalto planeado en Siete ladrones (1960) de Henry
Hathaway. Al mismo tiempo seguía trabajando en teatro y televisión.
Es posible que el público masivo haya empezado a
fijarse en él cuando John Sturges le proporcionó el papel del pérfido bandido
mexicano Calavera, otro psicópata, en Siete hombres y un destino (1960),
versión «western» de Los siete samurai de AkiraKurosawa. Wallach no
sabía montar, pero los «dobles de acción» le proporcionaron el
suficiente entrenamiento como para que pudiera sobrevivir dignamente.
En la década del sesenta, sobre todo, fue una presencia
asidua en la pantalla. Sus labores, generalmente secundarias, incluyen un papel
de peso en Los inadaptados (1961) de John Huston, y trabajos más livianos en
Los vencedores (1963) de Carl Foreman, La conquista del Oeste (1963) de
Hathaway, Ford y Marshall (otro bandido mexicano), Lord Jim (1964) de Richard
Brooks o la comedia Cómo robar un millón de dólares (1966) de William Wyler.
Poco después se encontraría con el que es tal vez,
junto con Calavera, el otro personaje icónico de su carrera: el pistolero
mexicano Tuco (el feo) de la obra maestra del «spaghetti western» (y
tercera entrega de la trilogía del Hombre sin Nombre encarnado por Clint
Eastwood): Lo bueno, lo malo y lo feo (1966) de Sergio Leone.
Continuó trabajando casi hasta el fin, o por lo menos
hasta el 2010, año al que pertenecen sus apariciones en El escritor oculto de
Román Polanski y el Wall Street 2 de Oliver Stone. Y a lo largo de esas décadas
hizo un poco de todo: mucha televisión (incluyendo apariciones como estrella
invitada en series como Alfred Hitchcock Presenta, La ley y el orden y otras),
películas segundonas (varias de ellas en Italia), y también apariciones en
títulos más ambiciosos como El padrino III (1990) de Francis Ford Coppola.
Nunca fue nominado a un Oscar, aunque la Academia de
Hollywood terminó concediéndole una de esas estatuillas de honor que suele
otorgar a los veteranos antes de que sea demasiado tarde. En ese momento la
Academia lo definió como «un verdadero camaleón, que podía ponerse en la
piel de un amplio espectro de personajes sin ningún tipo de esfuerzo, dejando
su inimitable huella en cada uno de ellos».
Si fue con frecuencia un villano en la pantalla, parece
haber sido un hombre más bien casero y apacible en la vida real. Estaba casado
desde 1948 con la actriz Anne Jackson, con quien tuvo tres hijos (Peter,
Katherine y Roberta), que tiene hoy ochenta y siete años, y que lo sobrevive.
Entre Batman y un film uruguayo
Hay algunas opciones actorales bastante bizarras en la
carrera de Eli Wallach. La más pintoresca es, probablemente, el haber encarnado
al gélido villano Mr. Freeze en el Batman televisivo de los años sesenta
protagonizado por Adam West (los otros dos actores que interpretaron al
personaje en la serie fueron por cierto muy diferentes, con Wallach y entre sí:
George Sanders y Otto Preminger).
Es
igualmente curioso descubrir que el actor tuvo una relación, aunque sea
indirecta, con Uruguay. En 1980, nuestro compatriota el cineasta Eduardo
Darino, radicado en Estados Unidos, viajó a nuestro país para rodar Gurí, un
«docudrama» sobre costumbres gauchas que, en su versión castellana,
era presentado por el actor de la comedia nacional Enrique Guarnero. Para su
distribución norteamericana, sin embargo, Darino necesitaba un rostro conocido
en Estados Unidos, y allí Guarnero fue reemplazado por Wallach.